¿Crees que es lo mismo oír que escuchar?

atención escucha aciva

Seguro que ya sabes que NO.

Oír y escuchar no significan exactamente lo mismo, aunque se suelen y se pueden utilizar como sinónimos.

Pero vayamos por partes. 

Para oír no se necesita ninguna acción específica, ni siquiera la voluntad de hacerlo pues el sistema auditivo se encarga de captar los sonidos que están en el ambiente. No es algo que se pueda controlar a voluntad.

Cuando se escucha, sin embargo, se perciben los estímulos sonoros

de manera consciente y deseada, por lo tanto se da una actitud activa para comprender, se presta atención a estos sonidos y se interpretan.

A lo largo de este artículo no solo vamos a ver la diferencia entre oír y escuchar, quédate hasta el final para conocer la importancia que tiene la escucha activa cuando tu propósito es la comunicación consciente.

Observa algunas diferencias entre oír y escuchar

Como ya te habrás dado cuenta, en el párrafo anterior he incluido las palabras activa y consciente y el motivo es que son imprescindibles a la hora de diferenciar ambos verbos.

Es cierto que los dos tienen relación con la percepción y comprensión de los sonidos pero el matiz clave que los distingue es la intencionalidad del oyente y para ello debe ser activo y consciente. 

En ambos casos percibimos estímulos sonoros  pero solo prestamos atención y los interpretamos cuando nuestra intención es hacerlo. Entonces, escuchamos.⁠ Basándonos en ello vamos a exponer a continuación las principales diferencias entre ambos.

Oír es un acto fisiológico mientras que escuchar es psicológico ya que para oir solo hacemos uso del sistema auditivo mientras que en el acto de la escucha intervienen, además, otras habilidades psicológicas y mentales como la concentración, la atención o la memoria. 

Oír es involuntario pues lo hacemos aunque no tengamos la intención de realizarlo ya que es una respuesta fisiológica del sistema auditivo; escuchar, por su parte, es voluntario pues requiere de la voluntariedad y de la intención activa de procesar lo que hemos oído para generar una respuesta adecuada.

Oír es solamente el acto de recibir mensajes sonoros; mientras que escuchar,  como decíamos en el punto anterior, es interpretarlos y procesarlos

Oír no requiere de concentración; escuchar, sí. No hay que concentrarse en captar sonidos porque es un proceso que sucede de forma pasiva. En cambio, si se quiere escuchar,  hay que poner el foco de atención en los sonidos para poder interpretarlos.

Estas peculiaridades diferencian ambos verbos y están implicitas en la última de sus características. La que señala que oír es una capacidad primaria que involucra la captación de mensajes a través del sistema, mientras que escuchar implica un proceso más complejo y por eso, más que una capacidad es considerado una habilidad. 

Sigamos avanzando y demos un paso más. La escucha también se puede realizar de varias formas, dependerá de la atención, la percepción y la respuesta si se practica  una escucha residual o activa.

¿Qué implica la escucha activa?

La escucha activa implica una serie de actitudes y conductas que preparan a ambas personas para escuchar y hablar, sintonizando emocionalmente. 

Cuando hablamos de escucha activa nos estamos refiriendo a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

La escucha activa implica, en primer lugar, la atención. Este acto es la base de la escucha activa, cuando escuchamos no solo estamos percibiendo estímulos sonoros sino que los interpretamos porque nuestra “intención” es hacerlo.

Es más, en la RAE se especifica que escuchar significa “prestar atención a lo que se oye”.

Además de la atención, el proceso de la escucha activa tiene otros dos componentes: percepción y respuesta.

La percepción  consiste  en recibir, interpretar y comprender lo que estamos escuchando para modificarlo.  Para ello deberás hacer preguntas y recapitular la información cada cierto tiempo de esta forma te aseguras de que estáis hablando de lo mismo y podrás aclarar aquellos temas que estén menos desarrollados.

El tercer elemento es resultado de los dos anteriores. Si se ha prestado atención y te han entendido el mensaje, es  casi seguro que la respuesta será la adecuada.

Si consigues dominar cada uno de estos pasos serás un oyente activo. Aunque debes saber que evitar distracciones y prestar la máxima atención posible a quien nos habla no es sencillo, hay que entrenarse.

Descubre los mayores obstáculos en la escucha

Como en todo proceso comunicativo, tenemos que ser conscientes de que en el acto de la escucha activa también existen obstáculos que nos  impiden hacerlo con eficiencia.

Lo primero que debemos hacer para poder superar estas barreras es conocerlas y reconocerlas. Así que te explicamos las más frecuentes con la intención de que las detectes lo antes posible cuando estés inmerso en una conversación.

  • Tener la atención dividida. Esto es algo que muchas veces hacemos de forma inconsciente, nos referimos a realizar otras actividades simultáneamente o estar más pendientes de lo que pensamos y de lo que decimos que de escuchar activamente a nuestro interlocutor.
  • Los prejuicios y creencias. Ambos interfieren en una escucha óptima ya que se le quita importancia a lo que otro dice solamente porque las creencias son  distintas.
  • Los comportamientos que obstruyen el diálogo como  cambiar de tema, tomar la información a broma, realizar comentarios sarcásticos, discutir, interrumpir o tergiversar los hechos.
  • Los estados mentales inestables como el cansancio, el estrés, la presión por falta de tiempo o las distracciones.

Cuando interfieren estos obstáculos la escucha es muy residual por eso es importante que para escuchar de forma activa seamos capaces de reconocer nuestros bloqueos más habituales para tratar de eliminarlos.

Además, tenemos que evitar otros comportamientos molestos, más sutiles pero muy habituales que dificultan la conversación sin que seamos conscientes de ellos:

  • Aconsejar
  • Adivinar
  • Apaciguar
  • Filtrar 
  • Juzgar

Ahora que ya sabes lo que tienes que hacer para escuchar y los obstáculos más habituales que te  impiden conseguirlo, vamos a dar otro paso y  recordar alguna de las capacidades que te van a ayudar a conseguirlo

Cinco técnicas clave en la escucha activa

No tengas ninguna duda de que todos sabemos escuchar. Lo que no tengo tan claro es que habitualmente escuchemos de forma activa. 

Es cierto que todos los días hablamos con otras personas, mantenemos conversaciones y recibimos información y para ello necesitamos escuchar. Pero lo más habitual es que lo hagamos distraídamente y pensando en otras cosas

Mira estas cinco claves con las que vas a mejorar el acto de escuchar y conseguir conversaciones más saludables:

  1. Presta verdadera atención y  céntrate en la persona que está hablando.
  2. No seas selectivo a la hora de escuchar. 
  3. Hazle saber que estás escuchando resumiendo su información o  parafraseando y con esto; además, te aseguras de que lo has entendido.
  4. Proporciona retroalimentación pero procura no hacer juicios de valor y haz preguntas.
  5. Da al interlocutor el tiempo necesario para comunicarse. No le interrumpas mientras habla, espera a que termine para intervenir.

Y luego,  comienza a emitir tu mensaje, tus ideas, opiniones, etcétera. Vas a comprobar que los beneficios son muchos, nosotros apuntamos alguno a continuación.

Los principales beneficios 

La escucha activa nos va a proporcionar una serie de beneficios que empiezan con la creación de un clima positivo para la comunicación logrando que ésta sea más afectiva y efectiva.

  • Se reducen los malos entendidos pues captamos el sentido exacto del mensaje del emisor.
  • Demostramos que nos interesa su punto de vista , acrecentando su autoestima. Lo que facilita el que  nos continúe facilitando información relevante.
  • Identificamos mejor  sus objetivos y sus sentimientos. 
  • Podemos solicitar aclaraciones de la información que nos ha facilitado.
  • Nos podremos ganar su confianza y estrechar la relación con él.

Los beneficios que obtendremos, como ves, son muchos; pero el más importante, sin duda, es que establecerás  y mejorarás tus relaciones con los demás.

Para terminar

¿Te ha quedado claro que la escucha activa es una habilidad muy importante para la comunicación?

La buena noticia es que si queremos todos podemos aprender y mejorar nuestra capacidad de escucha. Para lograrlo tendremos que entrenarnos y poner en práctica este proceso de  escucha activa.

Y si quieres, puedes empezar a practicar con tus hijos o alumnos. Para ello te proponemos un juego, incluido en un artículo de este blog (“Un divertido ejercicio de atención”) que puedes ver en este enlace.

Para terminar te invitamos a que la próxima vez que estés con una persona cercana, procura escucharle de forma deliberada y observa cómo resuena lo que dice en tu cuerpo.

Y por supuesto, evita interrumpir y esfuérzate por comprender, sin juzgar sobre lo que tu interlocutor dice.

Gracias por tu visita,

Hasta la próxima

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